Ha sido uno de los escasos escritores iconoclastas del país. Por
eso, aunque del todo justo, no deja de tener sus singularidades el hecho
de que Juan García Ponce sea el premio Juan Rulfo de este año.
GP: No me lo explico, el primer
sorprendido soy yo -dice el escritor con cierto tono de broma en entrevista
con La Jornada.
Es
verdad, su trabajo ha merecido el reconocimiento de los lectores pero
también el que se confiere de manera pública. En 1956 obtuvo
el Premio Ciudad de México, en 1972 el Xavier Villaurrutia, en
1976 el Elías Sourasky y de ahí en adelante la Cruz de Honor
conferida por la República de Austria, el Premio Anagrama de Ensayo,
el Nacional de Literatura, el Médiz Bolio, el de Narrativa Colima
y la Medalla Eligio Ancona.
Y apunta, poco
más tarde:
GP: Considero que el deber del
escritor es abrir el campo de la experiencia, por eso todas mis opiniones
son iconoclastas. A ellas no renuncio.
No
hay, entonces, contradicción alguna entre sus puntos de vista y
lo que ha merecido por su trabajo.
GP: No la hay, por algo recibí
el Premio Rulfo.
AGRADECIMIENTO
A LOS LECTORES
Además
del galardón, ¿percibe el respeto de sus lectores?
GP: Mucho, con gran constancia
y lo agradezco infinitamente. Eso también es necesario señalarlo:
un escritor vive agradecido para quien se acerca a su obra.
De
su generación, en México, sólo ha recibido un premio
semejante Sergio Pitol. ¿Hay alguna relación entre ambos?
GP: Por supuesto, lo leo desde
hace mucho tiempo, lo aprecio, lo conozco.
¿Así
se lleva con el resto de los escritores de su generación?
GP: Me la paso muy bien con los
que quedan, que ya no son tantos.
¿Diría
que tiene más cercanías que distancias con ellos?
GP: Desde luego, muchas más
cercanías que distancias o enemistades.
Si
bien, como lo decía ayer en la carta que envió para agradecer
el Premio Rulfo, declara que no eran amigos muy cercanos, ¿cómo
era su relación?
GP: Tengo la primera edición
tanto de Pedro Páramo como de El llano en llamas y creo que eso
da idea de que lo sigo desde hace mucho tiempo, desde antes de que fuera
un escritor reconocido.
EN
POLÍTICA, ESPERAR PARA OPINAR
¿Aprendió
algo de Juan Rulfo?
GP: Rulfo no fue, en efecto, un
amigo muy cercano, porque no somos de la misma generación. Y a
cambio eso me permitía considerarlo un maestro. Luego, eso tampoco
impedía brindarle mi afecto personal en nuestro trato directo.
''El me enseñó dos hechos fundamentales: uno, a escribir
bien, y dos, que en literatura no se puede seguir lo hecho por otros sino
que se comienza a caminar a partir de esa base.
Dentro
de su faceta de traductor ha seguido la obra de Pierre Klossowski; ¿mantiene
a éste dentro de sus autores admirados?
GP: Por supuesto. No he cambiado
mi opinión desde el primer libro que leí de él. Los
que han cambiado son los lectores. Cuando empecé a leer a Klossowski
nadie lo leía en México, por cierto.
¿Habrán
cambiado los lectores?
GP: Espero que sí.
¿Cuáles
son por ahora sus proyectos de escritura?
GP: Son tantos que se me pueden
antojar infinitos. Un escritor siempre tiene la idea de morir sobre un
libro que esté haciendo. Esto es lo que hizo Robert Musil con El
hombre sin atributos, que es precisamente una novela sin fin.
Se
ha quejado de que no exista en español una buena traducción
de El hombre sin atributos, ¿a que se debe que lo no haya traducido
personalmente?
GP:
A que no me atrevo; lo respeto demasiado. Y me conformo con escribir sobre
él. El reino milenario lo hice pensando enteramente en su obra,
y también cuando casi nadie lo había leído en México.
¿Tiene
ya un punto de vista definido sobre los cambios políticos en el
país?
GP: Creo que en ese terreno, a
diferencia de otros, es preciso saber esperar antes de dar ninguna opinión.
Ha
conformado una obra que lo convierte en un escritor de los sentidos, ¿está
de acuerdo?
GP: Respeto mucho la opinión
de cada lector, pero es imposible estar de acuerdo con todos.
Y remata, cáustico, luego de una pausa: ''Suponiendo, claro, que
tenga esos lectores".
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