EL PREMIO JUAN RULFO PARA GARCÍA PONCE Jorge Luis Espinosa / Francisco González V. |
Casi cuatro décadas después de que se conocieran en el Centro Mexicano de Escritores, los dos narradores se encuentran de nuevo. El autor de Crónica de la Intervención recibirá el premio que lleva el nombre del autor de Pedro Páramo Juan García Ponce escribía su segunda novela La casa en la playa, allá por 1963, cuando por segunda vez fue becario en el Centro Mexicano de Escritores, justo en el tiempo en que Juan Rulfo era uno de los “tutores literarios” y en un crítico de los textos que presentaban los jóvenes aspirantes a escritores, algunos de los cuales se quedaron en el camino, en tanto otros persistieron y aún se mantienen en el camino como es el caso del propio García Ponce, galardonado con el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo. Azar o coincidencia, 38 años después sus nombres vuelven a reunirse en la figura de este galardón concedido a uno de los mayores escritores de la segunda mitad del siglo XX mexicano. Autor de narraciones fundamentales como Figura de paja, Crónica de la Intervención, De ánima, Inmaculada o los placeres de la inocencia, El gato o La vida perdurable, ha sumado ensayos decisivos como El reino milenario, Thomas Mann vivo, La errancia sin fin y Ante los demonios, amén de la crítica de artes plásticas en la que se ha empeñado y la traducción de autores como Pierre Klossowski y Herbert Marcuse. De ahí la unanimidad de criterios para premiar la obra de este autor nacido en Yucatán hace 68 años, más de la mitad de ellos vividos desde su silla de ruedas, único medio de locomoción que le ha dejado una parálisis progresiva que le ha arrebatado todo movimiento, pero no el oficio de la escritura en el que sigue empeñado, como lo precisa este narrador y ensayista, quien como pocos se ha atrevido a bucear en la zonas oscuras de la condición humana para devolver lo hallado en cuentos y novelas que hoy se han convertido en clásicos de la literatura hispanoamericana. “Estoy escribiendo un relato, pero aún no lo termino ni sé cómo vaya a terminar, porque estas cosas nunca se sabe cómo acabarán”, explica García Ponce vía telefónica y a través de la voz de su asistente María Luisa Herrera. García Ponce refiere que ayer por la mañana, la titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Sari Bermúdez, fue la encargada de anunciarle que había obtenido el Juan Rulfo, un galardón que le ha causado una gran emoción y satisfacción. Aun cuando no puede decir que fue un íntimo amigo del autor de Pedro Páramo, la vida literaria de los años 60 los reunió en uno de los focos de mayor actividad de aquellos años: el Centro Mexicano de Escritores. “Juan Rulfo tenía como trabajo criticar la obra de los becarios. Cuando yo lo fui por segunda vez, en 1963, lo veía en todas las sesiones. Entonces yo estaba escribiendo la que sería mi segunda novela, La casa en la playa. Juan Rulfo tenía un conocimiento tan profundo de las novelas que parecía haber leído todas las del mundo. Sus críticas eran acertadas y siempre amables”. —¿Entonces
Rulfo fue su mentor? —¿Y
cuál de estos libros le gusta más? —¿Este
premio es la coronación de su carrera literaria? —¿Qué
recuerda de Rulfo? —¿Y
qué va hacer con los 100 mil dólares del premio? —¿Qué
es la mala vida? —¿Y
cuál es su dosis diaria de alcohol? —O
sea que se duerme tarde... EN LA BIBLIOTECA DEL AUTOR DE LA CASA EN LA PLAYA SOBRESALE LA LITERATURA GERMANA Juan García Ponce vive a unas cuadras del zócalo de Coyoacán, en un casa donde la presencia mayor son los libros y pinturas que no sólo ocupan paredes y rincones, sino que llenan la atmósfera de ese aliento añoso de viejos libros que lo han acompañado a lo largo de su existencia literaria. Sobresalen los autores alemanes como Heimito Von Dorerer, Thomas Mann o su favorito: Robert Musil, aunque en sus libreros también es posible hallar esos gruesos tomos de lomo verde donde se puede leer: Friederich Nietzche. Obras. Editorial Aguilar. Pero como el propio autor de La noche lo explicó en una entrevista realizada en septiembre pasado con motivo del homenaje que el Instituto de Cultura de la Ciudad de México le organizó por sus 68 años, él es un permanente lector no sólo de los clásicos antiguos y contemporáneos, sino de la literatura que se escribe en la actualidad. “A mi voracidad como lector le debo el que haya llegado a la escritura”. —¿Una
escritura signada por las contradicciones humanas? —Se
ha dicho que usted, junto con Juan Vicente Melo, Inés Arredondo
y otros autores, formaron parte de una generación empeñada
en la búsqueda de la desmesura, la perversión y la oscuridad...
—Puede
ser, pero el espíritu festivo puede estar también en escritores
malditos. Está presente en muchos autores. Por ejemplo, Villaurrutia
le decía a Octavio Paz, un poco en broma y un poco en serio: “Usted
no tiene demonios”. —¿Y Juan García Ponce tiene
demonios? —¿Se
puede vivir sin Dios? —¿Por
qué perdió la fe? —¿La
perdida de fe le permitió concebir una literatura clasificada a
veces de pornográfica, otras erótica o bien perversa? —¿Cuándo
fue tocado por el demonio de la literatura? —¿La
lectura y la escritura le han permitido no sentirse encerrado en su propio
cuerpo? —¿Se
considera un maestro sin aula? —¿A
abrir otros horizontes a mentes ciegas? —¿Son
pocos los que pueden morder o atrapar la realidad? —¿La
escritura es un acto de soledad? PREMIO A LA PERDURABILIDAD Y LA SOBRIEDAD Como
se había anunciado, el XI Premio de Literatura Latinoamericana
y del Caribe Juan Rulfo no cayó en una figura bañada por
el éxito comercial y los reflectores de los medios, sino en alguien
cuya obra representara un vínculo con la cultura universal y la
vida cultural de América Latina. De
esta forma, Juan García Ponce se hizo acreedor a una suma de cien
mil dólares, mismos que le serán entregados durante la inauguración
de la XV Feria Internacional del Libro (FIL) en Guadalajara, el próximo
24 de noviembre. Cobo Borda comenzó por explicar que sobre el jurado pesó “una carga emotiva” y “un peso de calidad” para darle continuidad a la tradición impuesta por los anteriores ganadores del premio. “Quisimos ser justos y razonables, y dignos de la encomienda... ser fieles a la tradición y renovadores de ella”, expresó. POR LA PERDURABILIDAD Así, el jurado optó por “otorgar un premio que señale a un escritor que no ha sido lo suficientemente puesto en la atención del público, cuya obra no haya sido en alguna forma diluida, o parcialmente deformada en el éxito, en la celebridad, sino que recalque, sobre todo, como en el caso de Juan Rulfo, la sobriedad, la perdurabilidad, la terquedad admirable con la que los creadores en América Latina subsisten, luchan y pelean con las palabras para un mundo más justo”. Tras pronunciar el nombre de Juan García Ponce, Cobo Borda dio lectura al acta del jurado, en la que se decía que García Ponce “ha mantenido una excepcional fidelidad a la escritura, ha hecho de ella su auténtica razón de ser...no ha cesado de indagar en la ficción, en el ensayo, en el teatro, en el periodismo y en la crítica de arte; esa incesante creatividad lo ha llevado a convertir el silencio en ficción, y de allí, a proyectar su obra en el ámbito de la mejor literatura contemporánea”. El acta agregaba que “reconocerlo es admirar y poner como ejemplo su entrega, sin reticencias, al destino creador de nuestra cultura... Al honrarlo, el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo se ha honrado a sí mismo”. Debido a su precario estado de salud, Juan García Ponce no pudo estar presente en la ceremonia aunque Sari Bermúdez leyó un texto que éste le entregara la misma mañana de ayer en su casa de Coyoacán. En el texto, García Ponce reconoció que recibir el premio “me trae muchos recuerdos del propio Juan Rulfo”, evocando los tiempos en los que el autor de El llano en llamas y Pedro Páramo visitaba la redacción de la revista de la UNAM, en la que García Ponce trabajaba como secretario de redacción. Finalmente, durante el intercambio entre los miembros del presidium y los medios de comunicación de Guadalajara y la ciudad de México, Noé Jitrik destacó que el propósito de un premio como el Juan Rulfo es el de incitar a la sociedad a una revaloración permanente de sus creadores, por lo que el galardón no debe verse “como una instancia estática que convierte al escritor en un monumento”. |