A LA SALUD DE JUAN, UN TRIBUTO MÁS EN HONOR
DE GARCÍA PONCE EN LA FIL
César Güemes
García
Ponce sube, García Ponce baja. Tan sólo seguir su trayectoria
por la numerosa cantidad de actos en que está presente implicaría
al menos 10 horas diarias. Recibió, en menos de 12 horas, las palabras
de los participantes en el reconocimiento A la salud de Juan, con Elena
Poniatowska, Manuel Felguérez, José Luis Rivas, Raquel Serur,
Magda Díaz y Morales y José de la Colina. Ahí estuvo
García Ponce. Se presentó su más reciente libro,
Entre las líneas, entre las vidas (Océano) y ahí
estuvo García Ponce a fin de escuchar los comentarios de José
de la Colina y Emmanuel Carballo.
Primero,
Poniatowska dibujó así al autor de El gato: ''Cuando Juan
no hace el amor, se dedica a leer Contrapunto, de Huxley, Orgullo y prejuicio,
de Jane Austen, y claro, a Musil. Las historias de amor de Bataille palidecen
al lado de las de Juan, ese gran amante, legado de los dioses a la literatura
mexicana. Ese D.H. Lawrence por quien todas quisiéramos convertirnos
en Lady Chatterley''.
En
un segundo momento, ya en la presentación de Entre las líneas...,
Carballo resucitó un texto de hace décadas en el cual caracteriza
al autor de De Anima: ''Al abandonar el teatro, García Ponce, uno
de los escritores más firmes y trabajadores de la joven literatura,
además de dedicarse a la prosa, en un camino que va del cuento
a la novela, empieza a publicar ensayos literarios y frecuentes reseñas
bibliográficas. Durante esos años, el contacto directo y
casi continuo con Octavio Paz, Juan Soriano, Jaime García Terrés,
Ramón Xirau y Tomás Segovia, le permitió adquirir
una cultura más amplia, una manera de expresarse más acorde
con su nueva circunstancia y, por supuesto, una nueva terminología:
la mirada, la revelación, el misterio y la ambigüedad. A partir
de ese momento, García Ponce se convierte en el director espiritual
de sus compañeros de equipo, el que comprende escritores nacidos
en los años treinta, rezagados o hipotéticos''.
De
la Colina, tan ubicuo como García Ponce, se dedicó a la
broma dicha en serio y cerró así la noche de un largo día:
''La FIL nos está explotando en hablar de Juan García Ponce,
tanto que a mí ya me dan más ganas de insultarlo que de
elogiarlo. Lo conozco desde hace 46 años. Sé que yo soñé
a Juan García Ponce: él es el escritor que yo soñé
que iba a ser. Él, traidoramente, ha usurpado esas funciones del
escritor soñado por mí. Siempre creí que iba a escribir
más que Juan, pero él en otra de sus astucias malignas,
se enfermó. O finge que está enfermo porque en cualquier
momento puede echar a andar y a bailar como bailaba en nuestras fiestas
inmorales de los edificios Condesa. Siempre he pensado que él me
roba los libros que yo iba a escribir. Siempre creí que este fantasma
que yo inventé en compañía de Elena Poniatowska,
de Juan Vicente Melo, Huberto Batis, Inés Arredondo, Tomás
Segovia y hasta de Gastón García Cantú'' en México
se piensa mucho en tu Entre todos lo hemos inventado''.
La
jornada, 27 de noviembre, 2001. |