¿A
qué estamos tratando de abrirle una vía de acceso? Si
acaso, al resultado de una aventura estrictamente personal. Uno no escoge
a sus autores; los autores lo escogen a uno. Pero hay que estar dispuesto
a dejarse escoger. Este libro es producto de una fascinación.
Toda la obra de Pierre Klossowski se desarrolla en la zona de extremo
peligro para el arte, el pensamiento y su lugar en la trama del mundo
organizado de las relaciones sociales. Mi acercamiento a ella se debe
a circunstancias fortuitas. Sin embargo, uno no es culpable de sus circunstancias.
Hay que buscar el imperio de lo fortuito. Una curiosidad sin meta encontró
en esa obra su objeto. En vez de saciarla, los primeros contactos con
la obra de Klossowski la acrecentaron. Acababa de escribir un libro
sobre Robert Musil: El reino milenario. El ensayo me dejaba
con los protagonistas de la novela de Musil, los hermanos incestuosos
Ulrico y Agathe, cercados en su jardín solitario –el espacio
de la literatura, el lugar sin lugar donde debe encontrarse el absoluto–
prisioneros de su semejanza, mirándose uno en el otro, incapaces
de regresar a la realidad contingente –el campo de la vida y la
novela– y conscientes de la exigencia y el deseo de abandonar
el jardín y entrar a la vida, donde, estallando, su identidad
única y doble se perdería en la misma contingencia. Encuentro
del absoluto, realizado por la literatura contra la literatura, y negación
de su pureza: la del absoluto y la de la literatura.
En la obra de Klossowski parecía llevarse aún más
adelante esa búsqueda. La curiosidad, encontrado su objeto, rodeó
su centro, entrevisto apenas, más imaginado e intuido que palpado,
y se convirtió en interés. Pero en el arte, como en la
vida, sólo la fascinación mantiene despierto el interés.
Transgrediendo todos los límites impuestos por la cultura, obedeciendo
sólo a las exigencias de su propio clima y su tono, la obra de
Pierre Klossowski vive en el terreno de esa pura fascinación.
Ceder a ella, es penetrar a un espacio denso y desconcertante, erigido
sobre la enervante emoción y complicación de las acciones
y del lenguaje que las muestra. Mi libro no es más que un intento
de colocarse en ese espacio y moverse en él. Las respuestas que
halle le pertenecen a Pierre Klossowski.
México,
D.F., abril de 1973.