CATÁLOGO
RAZONADO Fragmento |
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EL LUGAR ES: Toda la acción ocurre en la imaginación del autor. Esa imaginación estará habitada por las cosas que él pide aparezcan en el escenario. Al abrirse el telón, el escenario a oscuras. Sobre la absoluta oscuridad, voz de hombre grabada. VOZ PRIMERA: (Muy incierta. Piensa en voz alta, sin saber hacia dónde se dirige, ni que es lo que quiere alcanzar su pensamiento. Sin embargo, su primera frase es firme y segura). No sé cómo empezar. (Pausa larga). No sé como empezar. (Pausa larga). Tú me dijiste pon cualquier cosa, todo lo que se necesita es una primera frase y luego seguir adelante. ¿Puedo confiar en ti? Mi primera frase me cierra todos los caminos. Lo que pasa es que no sé si quiero hacer una obra vindicativa, que a veces siento que se me presenta como mi única posibilidad, o un homenaje, que es en lo que se convierten todos mis propósitos vindicativos. El escenario se ilumina. En el centro aparece un enorme cubo de los que, trazando su proyección geométrica, pinta Arnaldo Coen; pero en esta ocasión, aunque sus paredes cuentan con todos los elementos decorativos que Coen pone en sus obras, el cubo no se desarrolla simuladamente en el plano de un cuadro, sino que es un cubo de bulto, sólo que, igual que en los cuadros, es transparente y confundido con los elementos decorativos, gracias a la iluminación, podemos ver su interior, donde, según el gusto del pintor, en una cama o meramente una austera tarima, levantada por la cabecera de modo que quede en diagonal, está acostada una mujer, de treinta años, muy bella. Es una mujer y es el Modelo. VOZ SEGUNDA: (Un tanto burlona, pero también con un claro afecto). ¿Ves? Todo lo que se tiene que hacer es empezar. En el interior del cubo, el Modelo está vestida con un amplio y transparente camisón que debe permitir entrever, pero no ver por completo, su cuerpo desnudo. Tiene los ojos cerrados y está totalmente inmóvil, con los brazos extendidos a lo largo de su cuerpo. VOZ PRIMERA: (Dirigiéndose
a la figura dentro del cubo). Déjame mirarte. Fue así
como apareciste en efecto. Yo no esperaba nada, no deseaba nada. Tu
me condujiste a mirarte. Entonces ni siquiera podía imaginar
que ibas a ser modelo, ni mucho menos de qué ibas a serlo. ¿De
mi propia necesidad que tomó prestada tu figura o de lo que tu
figura convertía en una necesidad? No sé cómo puedo
hacerte llegar hasta mí, cómo puedo llegar hasta ti. ¿Cómo
una ficción, cómo una realidad? ¿Cuál es
la ficción y cuál es la realidad? Es una pregunta demasiado
vieja y que sólo resulta retórica. Habría que empezar
por precisar desde qué tiempo hablo. Por eso es imposible. Lo
único que importa es la realidad a tu apariencia. Te he seguido
tantas veces dentro de lo que se considera la realidad, he hecho que
sigas tantas veces mis deseos para que encarnaran a través de
tu figura en el campo de la ficción que limitar las fronteras
entre una y otra nos está vedado. ¿Te acuerdas? Quizá
al principio tu imitabas, aun sin darte cuenta, lo que yo imaginaba;
pero no podías suponer que si yo imaginaba algo era porque tú
me lo habías sugerido. Tu presencia, las secretas posibilidades
que encerraba tu presencia, denunciándolas en cada uno de tus
gestos, en cada una de tus actitudes, en todas tus reacciones, en tu
independencia o en tu aparente sumisión. ¿En qué
momento nos encontramos ahora? ¿Te has rebelado ya? ¿Ya
no eres mi modelo? ¿Ya no eres el retrato que hicimos aparecer
entre los dos? ¿Quieres volver a ser tu misma? ¿Puede
mostrarse que tu misma eres algo más que el retrato para el que
serviste de modelo?¿Esa demostración es el argumento de
esta obra?
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