“LOS
MEDIOS DEL FIN”, DESCONSIDERACIONES Fragmento |
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Pero si el lugar de la literatura se encuentra en el misterioso hecho de que no tiene lugar, el problema de sus creadores no es menos ambiguo. El escritor que sólo se encuentra en la obra no está nunca en ella, su relación con la obra —que es la que le da realidad haciéndolo efectivamente escritor— se desvanece apenas se cumple de una manera más dramática aún que la del poema o la escultura que dejan de serlo para convertirse en himno o monumento cívico, porque si estos dos últimos pueden recuperar su condición de poema o escultura al hacer a un lado el elemento que les arrebata su ser, el escritor, en cambio, no puede regresar a la obra que lo hizo escritor. En los mejores y más altos casos, la obra sólo da vida en la muerte y aun entonces lo hace arrebatando lo poco de vida que tuvo su creador. El asma de Proust es ya un motivo literario que forma parte de su vida para hacerla también suya, aun cuando al principio pudiera pensarse que, al menos en parte, la obra nació al asma, fue alimentada por ella. Son varios los estudiosos que señalan que la misma grandeza de la poesía de Goethe disminuye el alcance de sus logros, apartándolo de su profundo carácter como filósofo y como naturalista. Sin embargo, nada obliga a nadie a ser escritor; el destino literario es un destino elegido y quizás hasta podría encontrarse una cierta complacencia por parte de los escritores en ese ambiguo no ser. Pero con esto, como siempre ocurre cuando nos mantenemos en el plano de lo general, está dicho todo y no está dicho nada. Los medios sin fin de la literatura no implican en todas las ocasiones que la ausencia de fin no pueda convertirse en un medio. No siendo nada, el escritor tiene la enorme ventaja de que puede serlo todo a través de ese medio constante que es, del mismo modo que el hecho de ser insípida le permite al agua convertirse en café o limonada, alternativamente, sin perder su carácter de agua, aunque se corra el riesgo de que para el observador poco atento esa condición original pueda pasar inadvertida. El ejemplo más alto puede servirnos también en este caso para llegar a lo más bajo, lo cual no sólo demuestra la continua posibilidad de unión de los contrarios sino también la relatividad de todos los valores apenas se sacan de su contexto. De la misma manera que podemos suponer que el agua no renuncia a sus cualidades originales siendo café sino que se enriquece al convertirse en agua y café, nos es posible recordar que Goethe al mismo tiempo que poeta, filósofo y científico, sin dejar de ser científico, filósofo y poeta, era el respetado consejero áulico de la república de Weimar. |